¡Bienvenidos/as a "Jugando con fuego"!

Lo principal, advertiros que este fic contiene temas sensibles, aunque ya deberíais saberlo
si le habéis dado a "continuar" cuando os saltó la advertencia de contenido adulto.
Como podéis observar este fic es muy distinto a los anteriores,
aunque cumple con algunas semejanzas como que no diré el nombre de la protagonista
para que podáis introduciros de lleno en la historia, que procuraré que solo narre
la protagonista (a no ser que haga algún capítulo especial), etc.
Gracias por leer, ¡y a disfrutar de la historia!

sábado, 5 de julio de 2014

Capítulo 1:

     Los nervios estaban comenzando a consumirme. Lo único que quería en aquel momento era salir de allí. Me removí en la cama y, con cuidado de no despertarlo, rodeé mi cuerpo con una de las mantas, separándome de él. Me levanté de la cama y, recogiendo la ropa del suelo, me encerré en el baño.

     No sabía cómo había llegado a esa situación. Lo último que recuerdo de anoche eran la copas pasar, la música, los gritos, la gente bailando y... nada. Mi rostro ardía de vergüenza. Era la primera vez que me pasaba.

     Me vestí lo más rápido posible y no pude evitar sobresaltarme al escuchar mi móvil sonar. Oh dios... me va a caer una buena. ¡Tenía 20 llamadas perdidas! Y todas ellas repartidas entre mi madre y mi padre. Les dije que no volvería tan tarde y sin embargo, me encontraba allí, en la casa de uno de mis compañeros de instituto ya por la mañana, y digo compañero porque casi no teníamos relación alguna.

     Salí del baño apresuradamente con el móvil en la mano. Por suerte esta vez solo había sido un mensaje y no tendría que contestar a ninguno de mis padres. Ya hablaría con ellos en persona más tarde, ahora lo único que tenía que hacer era salir de allí antes de que el pelirrojo se despertara y tuviese otro momento incómodo.

     Tomé el pomo de la puerta y nada más sacar un pie fuera, unos ladridos me asustaron y me hicieron retroceder. Un enorme perro de color negro y marrón y de apariencia agresiva casi se me abalanza encima. Es cierto que me gustaban los perros, pero no podía evitar sentir miedo de aquel animal que se encontraba frente a mí. El can volvió a ladrar una, dos, tres veces... Fue a la cuarta vez cuando escuché algo en el interior de la casa, alertándome de que Castiel había acabado despertándose a causa de los ladridos. Sin pensármelo dos veces, salí, cerrando la puerta tras de mí y corrí hacia la calle, esquivando ágilmente al enorme perro y alejándome de aquel lugar.

* * *

     La reprimenda me cayó en cuanto llegué a casa. Un mes sin salir y sin la distracción del portátil, ese fue mi castigo. ¿Les mentí? ¡Por supuesto! Ni se me pasaría por la cabeza contarles la verdad, es decir, ¿a quién se le ocurriría decirle a sus padres que después de ir a una discoteca con tus amigas te habías emborrachado y habías acabado desnuda en la cama de alguien que casi no conocías? ¡A nadie! Les tuve que mentir diciéndoles que me quedé en casa de una amiga y al tener el móvil sin batería, se me había olvidado llamarles para avisarles. Vamos, la típica excusa que le pone cualquier adolescente de hoy en día a sus padres.

     Por suerte, no me habían requisado el móvil. Ahora mismo era lo único que tenía para distraerme, a parte de la tele y los libros. Sí, los libros. Pero la verdad era que últimamente me la pasaba leyendo historias por internet, ya que los libros que tenía en casa los había leído casi todos, así que estos no me serían de mucha ayuda...

     Apoyé la cabeza sobre la pared de mármol mientras el agua caía sobre mí y soltaba un pequeño suspiro. Nada más entrar en mi habitación, me había dirigido al baño para darme una ducha. Necesitaba despejarme. Cerré los ojos un momento, tan solo unos simples minutos, pero fueron los suficientes como para que los recuerdos golpearan mi mente, provocándome dolor de cabeza.

     Besos, suspiros, mordidas, gemidos, caricias, gruñidos, sudor, placer... y sexo. Mis mejillas se colorearon de un rojo intenso al recordar las manos del pelirrojo sobre mi cuerpo. Sus labios pegados a mi piel desnuda. Sus ojos plomizos clavados sobre mí en todo momento, observándome, analizándome, hipnotizándome... Sacudí la cabeza intentando alejar aquellas imágenes, pero el recuerdo de sus caderas junto a las mías, sus manos presionando y manteniendo unidos nuestros cuerpos y sus gruñidos y bufidos intentando ser silenciados a través de mordidas y chupetones por mis hombros y mi cuello, fueron lo que acabaron conmigo.

     Caí de rodillas al suelo, agitada, acalorada, excitada... con el cuerpo tembloroso y el sofoco apoderándose de mis sentidos. Una de mis manos débilmente consiguió alzarse y llegar hasta el grifo, haciéndolo girar para que el agua cambiara a una temperatura más y más fría. Necesitaba congelar mi mente. Necesitaba que las gotas heladas que caían sobre mí me hiciesen olvidar. Necesitaba dejar de pensar en el placer que me había ocasionado el haberlo hecho con él.

1 comentario:

  1. Jejeje bonito comienzo, que situación
    Qué hubiese pasado y si él se despertaba primero? XD

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