¡Bienvenidos/as a "Jugando con fuego"!

Lo principal, advertiros que este fic contiene temas sensibles, aunque ya deberíais saberlo
si le habéis dado a "continuar" cuando os saltó la advertencia de contenido adulto.
Como podéis observar este fic es muy distinto a los anteriores,
aunque cumple con algunas semejanzas como que no diré el nombre de la protagonista
para que podáis introduciros de lleno en la historia, que procuraré que solo narre
la protagonista (a no ser que haga algún capítulo especial), etc.
Gracias por leer, ¡y a disfrutar de la historia!

martes, 11 de julio de 2017

Capítulo 6:

      El resto del día transcurrió con aparente normalidad. Las tres primeras horas tuve la suerte de no coincidir en ninguna asignatura con el pelirrojo, por lo que pude pensar con cierta tranquilidad para así organizar mis ideas e intentar calmarme un poco.

     Estuve atenta a las explicaciones de los profesores, sí; pero en ciertas pausas y cambios de hora, mi mente se dedicaba a centrar mis pensamientos hacia aquel chico en cuestión. La balanza estaba estabilizada. Aunque fuesen pocas, tenía la misma cantidad de razones para decirle que sí como para decirle que no. En el "NO" estaban motivos como la vergüenza, el no conocer del todo al chico en cuestión o el que mis padres u otras personas lo descubriesen, mientras que en el "SI" estaban la curiosidad, la indudable atracción que sentía por él y el querer ver a dónde podía llegar a parar todo aquello.

     Mordisqueé el extremo del bolígrafo que tenía entre mis manos y alcé la vista hacia el reloj del aula que había colgado entre las dos pizarras, algo más arriba de estas. Quedaban a penas unos minutos para que el timbre indicase la hora del receso. Si me lo encontraba, ya no tendría escapatoria ni excusa de ningún tipo. Debería enfrentarlo y darle una respuesta.

     "No voy a obligarte a nada". Aquella frase resonó en mi mente por un instante, produciéndome un leve y agradable cosquilleo por todo el cuerpo. Mis mejillas se colorearon y el calor volvió a sofocarme por completo.

     Me sería difícil expresarlo, pero ya había tomado una decisión.


*     *     *


     El receso transcurrió con rapidez y por mucho que intenté buscar a aquel endiablado pelirrojo, no conseguí encontrarlo en ninguna parte del recinto. No sabía si sentirme frustrada o sentirme aliviada por no poder darle mi respuesta en aquel momento, pues a la par que quería dejarlo todo claro de una vez por todas, mi vergüenza era tal que podría quedarme sin palabras nada más tenerlo ante mí.

     Nada más sonar el timbre, volví a dirigirme hacia mi respectiva aula y dándome por vencida de encontrar al susodicho pelirrojo en lo que restaba de día a pesar de que este me hubiese hecho compañía en el autobús esa misma mañana.

     Me senté en uno de los pupitres que se encontraban situados al lado de la ventana y, al poco tiempo después, el respectivo profesor que me tocaba hizo su aparición y se colocó rápidamente en la mesa del profesor, haciendo que todos los demás alumnos de la clase terminasen de sentarse en sus respectivos asientos.

     Al cabo de unos diez o veinte minutos, llamaron a la puerta.

     ¿Se puede? preguntó, sin más, una voz conocida nada más abrir la puerta, captando mi absoluta atención y, sin esperar contestación alguna, entró en el interior de la clase.

     El chico sonrió abiertamente al observar que no había nadie sentado a mi lado y, sin pensárselo dos veces, se sentó junto a mí con total confianza. El profesor no dudó en regañarlo por el retraso, pero al ver que no le echaba cuenta, acabó dándose por vencido, siguiendo las explicaciones del tema que estábamos dando.

     Mis ojos se desviaron cautelosamente hacia el pelirrojo y lo observé de reojo. A pesar de su inesperada entrada y de haberse sentado a mi lado, no parecía que en aquel momento fuese a sacar de nuevo aquel asunto pendiente entre nosotros. De hecho, no parecía que fuese a dirigirme la palabra en todo lo que quedaba de día. Lo que no sabía era si lo hacía por consideración o por algún otro motivo.

     Volví a dirigir la mirada hacia la pizarra y no pude evitar removerme un poco en el sitio. Tenía los nervios a flor de piel, pues a pesar de querer hablarle del tema, no quería hacerlo en un lugar así, además de que tan siquiera sabía cómo sacarle el tema sin antes morirme de la vergüenza.

     La clase continuó con normalidad a pesar de mi inquietud y unos minutos antes de que volviese a sonar el timbre para avisar del cambio de asignatura, el profesor volvió a llamar nuestra atención.

     —Bien chicos, seguiremos con el temario el próximo día, pero antes de que os marchéis como locos, os emparejaré para un trabajo que debéis entregarme la semana que viene —el murmullo de los alumnos no se hizo esperar—. Esta vez he decidido hacer yo mismo las parejas para así no formar tanto alboroto ni tardar tanto al formarlas.

     Algunas quejas no tardaron en hacerse sonar, pero el profesor hizo caso omiso a estas y comenzó a dictar los apellidos de cada alumno con su correspondiente pareja. Cuando finalmente llegó a mi apellido, hizo una pequeña pausa y me dirigió una leve mirada para finalmente decir el de mi compañero de pupitre.

     Mis ojos se abrieron de par en par mientras el profesor seguía dictando apellidos con total naturalidad. Desvié la mirada hacia el pelirrojo al instante, encontrándome con sus grises y gélidos ojos, y al instante después, el chico hizo una leve mueca.

     —¿Qué hay con ese gesto? —soltó un silencioso bufido, rascándose ligeramente el pelo y apartando la mirada, a la vez que su gesto se fruncía un tanto—. Si tan incómoda te sientes al estar en mi mismo grupo, solo tienes que decirlo... Hablaré con él, pero deja de poner esa cara.

     Apartó ligeramente la silla de su pupitre con desgana y cierta molestia, pero cuando estuvo a punto de levantarse para ir a hablar con aquel hombre, lo detuve.

     —E-espera... —mis manos habían agarrado la suya con fuerza casi de forma impulsiva y mi voz no había salido todo lo segura que me gustaría, pero cumplí con mi cometido. El chico desvió la mirada hacia mí—. No... no hace falta. Estoy a gusto si es contigo. No es necesario que vayas a hablar con él —mi vista se mantuvo fija en el suelo, sin poder evitar sentirme un tanto avergonzada.

     El chico se mantuvo en silencio durante unos segundos.

     Si hubiese alzado la vista en aquel momento, podría haber visto cómo una tierna sonrisa se dibujaba en su rostro y cómo su mano restante intentaba ocultar tanto esta, como el leve sonrojo que le cubrían las mejillas.

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